APROXIMACIÓN A LAS OBRAS LITERARIAS “TRILCE” Y “POEMAS HUMANOS” DE CÉSAR VALLEJO

Comprender la escala evolutiva de las especies es conocer la esencia del ser humano y su naturaleza

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Intentaremos una lectura de algunos poemas de Trilce en conexión con otros de Poemas Humanos para establecer hilos conductores que muestren de qué modo la preocupación por el dolor humano atraviesa la obra del autor.

Recordemos que las obras de los artistas de este período se encuentran enmarcadas entre las dos grandes Guerras Mundiales, a su vez interceptadas por la Guerra Civil Española y por dos revoluciones, la rusa y la mexicana. Estos acontecimientos aterradores y violentos asediaron a varias generaciones de hombres y mujeres y dieron entrada al siglo XX, junto con el proceso de modernización tecnológica, que impuso cambios decisivos en la vida de los sujetos. La literatura y las artes en general no quedaron fuera de este contexto, que había que comprender e interpretar, mientras se producían esos cambios, es decir, simultáneamente.
Es por ello que Trilce busca un lenguaje que pueda nombrar ese estado de confusión y dolor ante el derrumbe y la pérdida de las formas de expresión tradicionales, que ya no bastaban para dar cuenta de la experiencia vital. De allí que este nuevo lenguaje de Trilce se sostenga de hilos sutiles, y que intente, en muchas ocasiones, un trabajo arqueológico con las formas lingüísticas, combinado con renovaciones y "retazos" de estructuras poéticas tradicionales.


Poesía y metafísica: pensar el cuerpo

Un aspecto que llama la atención en muchos poemas de Trilce es la recurrencia a imágenes pertenecientes al mundo animal, ellas conforman una red, a modo de plataforma, donde se inserta la metafísica de la poética vallejiana. En gran parte de los poemas que componen Trilce se hace mención a aves: en el poema I, a pájaros a través de "guano"(estiércol y orina de ciertas aves), en II a "gallos", en III a "gallinas", en X a "palomas", en XX a "avestruz". En otros poemas se mencionan mamíferos: en XI "toros", en XIX "vacas', "asnos". Algunas veces se alude al animal desde un verbo característico: "emplumar", "engállese", o de partes corporales: "belfos", "picos". Esa insistencia por la nominación de seres vivos pertenecientes al reino animal funciona como un sustrato de lo humano donde lo carnal se impone sin interrupción.

El poema IX de Trilce involucra dos planos: el corporal y el metafísico. El plano corporal se extiende más sobre la urdimbre textual que el metafísico. Esta selección sugiere la vastedad de lo carnal e instintivo, como la sustancia desde la cual se construye el Ser. Los dos últimos versos del poema: "Y hembra es el alma de la ausente/ Y hembra es el alma mía" plantean una relación de identidad entre "hembra" y "alma". El significante "alma"vinculado al plano metafísico, si bien es de mucho peso para toda la tradición filosófica y religiosa, se ve reducido en número con respecto a los que sostienen relaciones semánticas ligadas al cuerpo. En los versos anteriores a los citados predomina el tono erótico. Hay una puesta en escena del cuerpo vinculado a la sexualidad, donde se insertan las imágenes del mundo animal. En ellas podríamos leer esos aspectos viscerales, que conforman los núcleos primigenios de la sexualidad y que el hombre comparte con el animal: la reproducción, los flujos corporales (como marca del desgaste que produce el hecho de vivir), y la violencia.

La reproducción, que denota multiplicación, estaría connotada en el nivel lingüístico a través de las repeticiones, por ejemplo la del primer verso de la primera y segunda estrofa: "Vusco volvvver de golpe el golpe/ Busco volvver de golpe el golpe". Aquí, la repetición emularía a la acción reproductora, así como los versos se repiten, las especies se reproducen.

La violencia puede ser leída en el sintagma "...de golpe el golpe", que además se encuentra incluido en los versos que anteriormente asociamos con la función reproductora. De esta forma, prevalece el ámbito de lo instintivo del acto sexual, que tiene como finalidad —a diferencia del erotismo— la reproducción (pensemos que desde que se tiene conocimiento del discurso darviniano, sabemos que la efectividad de una especie se mide de acuerdo con la capacidad de reproducirse y que Vallejo accede a muchas lecturas de Darwin en sus años de juventud, cuando se desempeña como maestro).

También en los versos que conforman el plano corporal hay juegos anagramáticos: en "válvula" puede leerse vulva, órgano sexual femenino con función reproductora. El recurso anagramático colabora, junto con la repetición de versos y la mención de significantes como "Vaveo", a imprimir un contenido vinculado al ámbito sexual.
Los dos últimos versos, como ya dijimos, son de índole metafísica: "Y hembra es el alma de la ausente/ y hembra es el alma mía". En ellos "hembra" monopoliza la situación existencial. El uso del verbo ser (es) permite reconocer la relación de identidad entre el primer término ("hembra") y el segundo ( "alma de la ausente" y "alma mía"). El significante "hembra" pertenece al campo semántico de las ciencias naturales, define uno de los sexos y se vincula a lo reproductivo. Este significante está asociado con otro: "alma", que pertenece al campo de la religión, de la filosofía y sobre todo al de la metafísica. De esta forma, en los versos finales, ambos significantes, "hembra" y "alma", se autodefinen, y la distancia entre lo corporal-animal y el alma quedaría pormenorizada, con lo cual ambos planos formarían un tronco común, una nueva identidad. De este modo, el plano metafísico y el escaso espacio que el poema consagra al mismo se encuentra "contaminado" por el plano corporal, y aún más, la materia prima que posibilita la relación de identidad es de índole femenina, corporal y sexual.
De ser a ser, de cuerpo a cuerpo

En "Intensidad y altura" de Poemas Humanos, el movimiento es el inverso que en el poema IX de Trilce. Se parte de lo específicamente humano a través de los verbos: "escribir", "decir", sentir ("siento") enunciados en los cuartetos y se progresa, en los tercetos, hacia lo general y básico con los verbos "comer", "beber", "fecundar". Se podría observar un "descenso" desde lo humano (punto más alto de la escala evolutiva) hacia estadios anteriores. También en este poema, aunque el movimiento es otro, lo específicamente humano culminaría o se concretaría en los estadios anteriores: el animal, el mundo natural.

Tanto en el poema IX de Trilce como en "Intensidad y altura" de Poemas Humanos hay un recorrido que obedece a esa idea vertebradora en la obra de Vallejo: el hombre se construye, se hace. Las especies del mundo natural no necesitan hacerse, ellas son desde el momento mismo de la existencia, en cambio, el hombre — y aquí la paradoja — que está en lo alto de la escala evolutiva no es desde el inicio, desde la existencia, sino que su ser viene a proyectarse, o no, a partir de un trabajo que requiere y particulariza su condición desde lo biológico; la poética de Trilce parece decir que el esfuerzo y el dolor son las marcas de la especie humana. La metafísica de toda la obra del autor incluye los planos más concretos y comunes de la vida, por ejemplo, el doméstico. Estos planos posibilitan la realización del hombre como un ser metafísico.


En otros versos:

"éste mi grato peso, que me buscara abajo para pájaro; éste mi brazo que por su cuenta rehusó ser ala"


Continúa el descenso en la escala evolutiva de las especies, si como sabemos, las aves fueron unas de las primeras especies en aparecer sobre la tierra y como el discurso darviniano explicara, las alas evolucionaron de los miembros superiores de los primeros vertebrados (de un grupo de ellos). Pero en el poema, el brazo tiene conciencia, es el brazo quien "por su cuenta rehusó ser ala". Rehúsa volar y se queda en la tierra, lugar donde indudablemente la vida se desarrolló más. Hay un movimiento de imprevisión en la evolución donde un miembro —"brazo"— no repite los mandatos de la naturaleza y se niega ("rehusó") a ser lo que venía siendo ("ala"). Hay implícita una elección de una parte del cuerpo vinculada al trabajo, a la producción. De la negación surgiría, entonces, la conciencia que acumula en la memoria a sus antecesores. Negarse a la determinación de las leyes de la naturaleza es lo humano; y esta negación es productiva en términos muy concretos, cercanos al homo faber.

En "La vida esta vida" de Poemas Humanos, la primera estrofa retoma la idea de regularidad que comporta la naturaleza:

"La vida, esta vida me placía, su instrumento, esas palomas... Me placía escucharlas gobernarse en lontananza, advenir naturales, determinado el número y ejecutar, según sus aflicciones, sus dianas de animales".

"gobernarse" y "ejecutar" son formas verbales que refieren acciones específicamente humanas —en este caso establecen personificaciones con respecto a "esas palomas". Pero la estrategia de la personificación, a su vez, se autolimita en "advenir naturales, determinado el número", ya que "naturales" y "determinado" sí concuerdan con lo especifico del comportamiento animal. Un juego espacial —"actuar y desactuar"— se instaura en el poema y ese movimiento, a modo de marcha y contramarcha que configura el lugar que el texto construye para el ser metafísico.

La segunda estrofa describe la muerte de las palomas:


"Encogido oí desde mis hombros su sosegada producción cave los albañales sesgar sus trece huesos, dentro viejo tornillo hincharse el plomo. Sus paujiles picos, pareadas palomitas, las póbridas, hojeándose los hígados, sobrinas de la nube...Vida! Vida! Esta es la vida!".

"Cave" no figura en el diccionario, pero podría asociarse con cávea: especie de jaula romana para aves. También con el verbo cavar: levantar y mover la tierra con la azada. Este último sentido se vincularía con "sesgar" y con "albañales": especie de cloaca donde se acumulan desperdicios. Tanto "sesgar", cavar, como "albañales" denotan profundidad, sugieren un pozo, o un hueco.

Los "trece huesos" son, efectivamente, los que tienen casi siempre las alas de las aves. Es posible que el verso: "cave los albañales sesgar sus trece huesos" postule el lugar (los albañales) donde se acumulan las aves muertas tras los disparos: "...hincharse el plomo". Las aves —palomas— vuelven a la tierra, a la fosa en común. Este espacio se aleja de lo sublime, es lugar de sobras, de materia inútil.
La idea de desperdicio, presente en el significante "albañales", se vincula con "las póbridas, hojeándose los hígados", donde "póbridas" —término que tampoco figura en el diccionario — por efecto paronomástico evoca a podridas y a pobres. Además, el gesto de "hojearse los hígados" sugiere la materia en descomposición, si se piensa en los hígados como deshechos alimenticios. Volviendo a cave, se observa en forma anagramática la presencia de "ave". Lo mismo ocurre con cávea, que como ya vimos era una jaula romana para las aves. Las formas cave y cávea se contienen la una a la otra, como ocurre con sus significados. Así como en el poema IX de Trilce la repetición de versos emula a la acción reproductora, aquí, la escritura anagramática también funciona como recurso que permite "actuar" desde lo escritural la acción de contener, o de encerrar.

El último verso implica un descenso mayor en la escala evolutiva que llega hasta el agua —mediante el significante "nube" — elemento donde se ha originado la vida y espacio propicio para el desarrollo de la misma. En la exclamación: "Esta es la vida!", el pronombre "esta" reemplazaría a la vida/ muerte de la que viene hablando el poema. El pronombre —anafórico— contiene todo el ámbito referencial que se ha construido. No alude tan solo a la vida consustanciada con la muerte, sino a las instancias vitales más elementales que no tienen conciencia de su existencia y que otras voluntades pueden exterminar. La vida que el poema exalta es esa, la de los inocentes.

El último terceto ingresa en una esfera más personal:

"No escucharé ya mas desde mis hombros huesudo, enfermo, en cama, ejecutar sus dianas de animales...Me doy cuenta"

La idea que explora el poema permite percibir el proceso de la propia muerte y la ajena como un trabajo específico de la especie humana. El "Me doy cuenta" es la huella más profunda del Ser metafísico de Vallejo. Y, si el hombre es "hijo' del mamífero, del vertebrado, de las aves y del agua, su conciencia le exige cierta "paternidad". Así, el movimiento de ascenso en la escala evolutiva no se ofrece como un gesto liberador solamente. El "animal racional' aristotélico y positivista no alcanza para colmar el ideal de hombre de Vallejo. El gesto de negación al determinismo de la naturaleza que realiza el hombre en su trayecto se traduce en solidaridad, responsabilidad y sufrimiento: únicas razones que justifican la negación al orden natural. Las especies del mundo natural son las protagonistas del gran ciclo vital; mientras el sujeto se conmueve y reflexiona ante la muerte, ésa, propia y ajena, otro sujeto ejecuta la muerte de las palomas. Nuevamente la idea vertebradora en la poética de Vallejo: no existe el hombre desde la especie, no hay, si se quiere, seguridad en cuanto a la existencia de la especie humana como tal, a menos que se trabaje para ello, con lo cual esos seres —ni únicamente animales, ni completamente humanos— no encuentran lugar en el mundo. Esa falta de definición y de espacio asegurado para lo específicamente humano produce el dolor inmenso que solo advierte quien ha reanudado su día de conejo. Destino humano posible: Tengo miedo de ser un animal.

Inés Muzzopappa

posted by dario manuel @ 11:01 AM,

1 Comments:

At 12:22 PM, Blogger Edgar said...

GRACIAS POR EL BLOB DE ASCENSO DE CATEGORIA

 

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